Cuándo éramos apenas niños y adolescentes, andamos desorientados y sin un rumbo fijo, sin un norte, sin sueños ni metas. Nuestro mundo era gris y sin sentido como si no nos prepararíamos para el futuro.

Pero Dios en su infinita misericordia salió al rescate utilizando sus instrumentos terrenales y nos puso por delate a un ser humano extraordinario, que transformaría nuestras vidas para siempre.

Recordar al Padre Marcos de nuestra infancia es recordar al mismo Don Bosco en sus primeros días en el oratorio de Valdocco.

Mientras estudiábamos, jugábamos y nos divertíamos, él llegaba con su camioneta roja llena de donaciones de tal o cual persona o empresa. Con el tiempo entendí que todo era obra de la divina providencia, tal y cual lo hacia Don Bosco en su oratorio allá en Italia de 1841 -1888. Nunca nos faltaba educación, alimentación, vestimenta, deporte y recreación.

Fuimos creciendo, y con el pasar de los años, cada quien hizo su vida. Algunos se casaron, otros seguimos estudiando y trabajando, conocimos nuevas personas y vivimos nuevas experiencias. Pero jamás olvidamos nuestro origen, nuestros legado. Jamás olvidamos aquel sacerdote que nos vio crecer y que nos dio la oportunidad de ponerle un rumbo a nuestras vidas.

Hoy después de casi 20 años nos volvimos a encontrar con él la primera generación de ex alumnos del proyecto Salesiano. Se le notaba tan feliz y emocionado de ver a sus hijos espirituales.

Alberto Shugua – Exalumno Salesiano